miércoles, 9 de marzo de 2011

UNA HOJA PEGADA EN LA PUERTA DE LA HELADERA

-“¿Porque es tan fácil criticar al otro y tan difícil decir “te felicito”? ¿Por qué nos cuesta tanto decir “me equivoque” o “perdóname”? ¿Porque insultamos y maltratamos con naturalidad? ¿Porque es tan complicado decirle a alguien “te quiero”?”

sábado, 5 de marzo de 2011

EL CARACOL SILVIO

El caracol Silvio  se despertó bien temprano a la mañana. Se desperezó y se preparó el café mientras repasaba las noticias en el matutino. Le dió un beso a su amada y se marchó a trabajar. En la planta lo esperaba otra jornada dura. Se arrastraba por el sendero estrecho del jardín. El tráfico, como todas las mañanas, estaba congestionado. Millones de caracoles viajaban por la misma ruta. Existía la posibilidad de tomar un desvío. Pero ninguno de los caracoles se le había ocurrido hacerlo. Silvio siempre lo pensaba, pero nunca lo llevaba a cabo.  Todos pacientemente caminaban al son de la marcha caracolista. Luego de una  ardua tarea diaria en la planta, Silvio regresaba a su hogar con varios palitos verdes. Cenaba con Silvia, y después a dormir las siete horas reglamentarias. Todos los caracoles dormían lo mismo. Nadie se atrevía dormir menos ni más. Alguien,  a quien no habían conocido, les había transmitido que así era y ni uno  se animaba a romper con esa regla. Silvio siempre pensó que esa norma era estupida. Pero siempre la obedecía. 
Un buen día Silvio volvía a su hogar. Y de repente  una voz extraña le habló desde el más allá:
-¿Que haces Silvio?
-¿Quien sos? ¿Quien habla?-preguntó asustado el caracol.
-Silvio, ¿porque tenes tanto miedo en tomar riesgos?-interpeló la voz.
Silvio no daba crédito de lo que escuchaba. Desconcertado y desesperado, apuró el paso cantando para evitar escuchar esa voz. Arribó a su hongo y se escondió debajo de su cama. Silvia no entendía que le sucedía a su marido. Desde ese entonces, Silvio nunca más  fue el mismo.
A veces, es mejor vivir sin preguntarse demasiadas cosas. Porque si indagamos demasiado corremos el riesgo de conocernos realmente quienes somos. Y no todos pueden soportar esa responsabilidad.

LA MARCHA CARACOLISTA

Caracoles del mundo
Unidos y en silencio      
Trabajaremos
Hasta el fin
De los tiempos
Jamás preguntaremos
Ni opinaremos
Solo obedeceremos
Los mandatos
Ancestrales
De los viejos moluscos
Dueños por siempre
De este mundo, de esta tierra
Y de tu vida

miércoles, 2 de marzo de 2011

EL DESAYUNO

Costa había entablado relación con varios miembros del sector de redacción de “El Cordobés” y fue invitado a desayunar con ellos en la cantina. Roca, Ramírez y Spencer estaban en la mesa. Obdulio, el otro integrante habitual de la ronda, brillaba por su ausencia.  
-¿como anda todo con el horóscopo, Costa?-inquirió Roca.
-Perfecto.
-yo estuve ahí durante un tiempo. Es muy tranquilo ese sector.-analizó Ramírez.
- si, estoy en una soledad absoluta. O sea, solo puedo pelearme conmigo mismo.-contestó Costa.
-¿vos sos casado Costa?-inquirió Spencer.
-soltero. Pero mi sueño es  casarme y formar una familia numerosa-sentenció Costa con seguridad-espero algún día conseguirlo.
Tras la afirmación de Costa, los otros tres integrantes de la mesa estallaron a carcajadas.
-Observaron a la nueva moza. Es bellísima-sostuvo Spencer.  
-Literalmente, parte la tierra.-agregó Roca.  
-Se llama Milagros. Le pusieron así porque los padres peregrinaron mucho para tenerla. Le dicen el “ángel de la cafetería”-informó con precisión quirúrgica Ramírez.   
-¿el “ángel de la cafetería”?-interrogó Costa mientras sacudía el sobre de azúcar.  
- Si. Y es muy callada,  no habla con nadie-acotó Ramírez.
-Cambiando de tema, ¿que paso con Obdulio? ¿Volvió a faltar?-preguntó sugerente Roca conociendo la respuesta.
- Y es lunes. Ese flaco es un desastre-dijo Ramírez moviendo la cabeza como diciendo que no.  
-Cada comienzo de semana mete una falta. Pero tiene el aval de Álvarez. Como le cuenta todo lo que acontece en “El Cordobés”, hace lo que se le antoja. Es su alcahuete-precisó Spencer.
-Vos sabes que ese tipo a mí  nunca me cerró. Me parece tan falso. Siempre con esa sonrisa, y después por atrás te apuñala-sostuvó Roca quien con sus manos hizo el gesto de  clavarle un cuchillo a alguien.  
-Y si. Por su culpa lo rajaron a Eusebio. Eso lo sabemos todos-se quejó Ramírez-.Que persona tan miserable. La verdad merece arder en el infierno-agregó.  
-Aparte no se baña. Y siempre viene con la misma camisa a rayas azules y blancas-aseveró Spencer.  
-y come de arriba. Nunca se le cayó un centavo de la billetera-expuso Ramírez mientras se sonaba la nariz.  
-Seguramente Obdulio  anoche salió hasta tarde, se emborrachó y ahora debe estar durmiendo quien sabe donde-completó Spencer.
De repente Milagros, “el ángel de la cafetería”, se acercó hasta la mesa donde estaban sentados los cuatro.
-¿ustedes son Roca, Ramírez y Spencer?-indagó Milagros.
-si preciosa, somos nosotros-contestaron.
-Me acaba de llamar  su jefe Álvarez. Me dijo que anoche, cuando volvía de la iglesia tras dejar ropa y alimentos para los más necesitados, Obdulio sufrió un accidente en su automóvil y falleció. Lo están velando en la sala Neruda  ubicada en la calle Canto General al cincuenta. Tienen una hora para ir a dar el pésame  y deben regresar  a sus puestos de trabajo-contó Milagros.  
Los tres compañeros de Obdulio se quedaron estupefactos al escuchar la noticia. Costa contemplaba la situación en silencio.
-Pobre flaco-se lamentó Roca.
-si, la verdad era un fenómeno-afirmó Ramírez.
-en el fondo era un buen tipo-completó Spencer.
(Capitulo de  Romantico  Viajero de S.SEGURA)